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09Sep

Colombia en la era de la bioeconomía

Mauricio Alviar Ramírez
Decano Escuela de Ciencias Económicas y Administrativas

Colombia es el segundo país más rico del mundo en biodiversidad después de Brasil. En efecto, el país ocupa el primer lugar en número de especies de aves con aproximadamente 1890 registradas; el segundo lugar en número de plantas con aproximadamente 32 mil especies, para citar solo dos áreas de la biodiversidad. Adicional a lo anterior, Colombia cuenta con dos océanos que le aportan una gran riqueza en fauna y flora marina. Asimismo, la red fluvial del país es bastante amplia, lo cual contribuye a la riqueza ictiológica y a la oferta hídrica para el consumo doméstico, la producción de energía y el riego para actividades agrícolas y forestales, entre otras (Minciencias, 2016).

Capital natural y bioeconomía

¿Cuál es el significado real de biodiversidad para el desarrollo social, ambiental y económico de un país como Colombia? Veamos primero una definición aproximada de biodiversidad para encontrar una base común de entendimiento. La biodiversidad significa diversidad biológica que se materializa en un gran número de organismos, poblaciones de organismos, comunidades de poblaciones y su ambiente físico y químico en donde interactúan. Al mismo tiempo, la diversidad biológica determina la evolución de los ecosistemas que, a su vez, son proveedores de bienes y servicios tales como agua, alimento animal y vegetal, regeneración de suelos, reciclaje de nutrientes, control de inundaciones, absorción de residuos, operación del ciclo hidrológico, composición gaseosa de la atmósfera, provisión de bioinsumos y bioproductos y paisajismo, entre otros.

Ahora bien, la riqueza en biodiversidad que ostenta Colombia por su ubicación en el trópico, le otorga un lugar privilegiado en el concierto mundial en términos de ventajas comparativas y competitivas para aprovechar, de manera racional y sostenible, el capital natural representado en el acervo de recursos naturales renovables. Con esta consideración, la bioeconomía juega un papel preponderante como vehículo para lograr el desarrollo sostenible en el sentido más amplio de la expresión. ¿Cómo se relaciona entonces el capital natural representado en la diversidad biológica con la bioeconomía?

A partir de la definición de bioeconomía que propuso la Global Bioeconomy Summit –GBS- en Berlín en 2018, se puede construir la relación entre la biodiversidad y la bioeconomía. En efecto, se ha definido la bioeconomía como “la producción, uso y conservación de recursos biológicos, incluyendo los conocimientos, la ciencia, la tecnología y la innovación relacionados, para la provisión de información, productos y servicios a través de todos los sectores económicos, con miras hacia una economía sostenible” (GBS, 2018). De esta definición se desprende también un componente fundamental que es el de la biotecnología como pilar clave de la bioeconomía. La biotecnología se articula con educación, ciencia, e innovación, áreas necesarias para la creación y el fortalecimiento de nuevas organizaciones y negocios basados en material biológico.

¿Cómo va la bioeconomía en el mundo?

Sin lugar a duda, la Comunidad Europea – CE – es la región que presenta los avances y resultados más importantes en bioeconomía. Desde comienzos de este siglo, la CE comenzó un proceso sistemático de diseño de políticas, estrategias, programas e indicadores de seguimiento a su agenda de bioeconomía planteada al año 2030. En este orden de ideas, en 2015, la CE registraba €2.3 trillones de euros en ventas de los sectores de la bioeconomía y €620 millones de euros en valor agregado, siendo los sectores más importantes los de alimentos y manufacturas. Asimismo, las actividades de la bioeconomía emplearon a más de 18 millones de personas lo cual representó el 8.2 por ciento del empleo de la CE y en promedio, ha representado 4.2 por ciento de su producto interno bruto –PIB- (European Comission, 2018).

Hoy en el mundo, alrededor de cincuenta países disponen de marcos de política pública para el desarrollo de la bioeconomía incluidos varios de Latinoamérica como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Colombia y Bolivia. Hay dos elementos fundamentales que orientan esos marcos regulatorios en América Latina: 1) los Objetivos del Desarrollo Sostenible –ODS- y 2) el Acuerdo de París (Rodríguez, A.G., et al, 2019).

¿Cómo va la bioeconomía en el mundo?

Sin lugar a duda, la Comunidad Europea – CE – es la región que presenta los avances y resultados más importantes en bioeconomía. Desde comienzos de este siglo, la CE comenzó un proceso sistemático de diseño de políticas, estrategias, programas e indicadores de seguimiento a su agenda de bioeconomía planteada al año 2030. En este orden de ideas, en 2015, la CE registraba €2.3 trillones de euros en ventas de los sectores de la bioeconomía y €620 millones de euros en valor agregado, siendo los sectores más importantes los de alimentos y manufacturas. Asimismo, las actividades de la bioeconomía emplearon a más de 18 millones de personas lo cual representó el 8.2 por ciento del empleo de la CE y en promedio, ha representado 4.2 por ciento de su producto interno bruto –PIB- (European Comission, 2018).

Hoy en el mundo, alrededor de cincuenta países disponen de marcos de política pública para el desarrollo de la bioeconomía incluidos varios de Latinoamérica como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Colombia y Bolivia. Hay dos elementos fundamentales que orientan esos marcos regulatorios en América Latina: 1) los Objetivos del Desarrollo Sostenible –ODS- y 2) el Acuerdo de París (Rodríguez, A.G., et al, 2019).

Colombia y su bioeconomía: oportunidad para la reactivación y el desarrollo

Dada la riqueza en recursos biológicos que posee Colombia, hoy más que nunca se tiene la oportunidad, develada quizá con mayor contundencia por la pandemia del Covid-19, de avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo, cuyo objetivo central debe ser el equilibrio entre la sociedad civil, el estado y los mercados, equilibrio que debe estar en armonía con el territorio y sus características geográficas y ambientales como se muestra en el gráfico 1.

Dado que el capital natural está asentado, de manera predominante, en las zonas rurales y costeras, la bioeconomía se presenta como un excelente vehículo para cerrar las brechas entre lo rural y lo urbano que caracterizan a la sociedad y a la economía colombianas.  En este sentido, el cierre de brechas implica avanzar en equidad regional sobre la base de un crecimiento sostenible sustentado en actividades económicas acordes con la conservación del capital natural y nuevos patrones de consumo asociados a la economía circular.

A superar obstáculos para el desarrollo de la bioeconomía

Si bien hoy Colombia cuenta con un marco general de política pública que se sintetiza en el Documento Conpes 3934 de Crecimiento Verde, aprobado en julio de 2018, hay un largo camino por recorrer en materia de infraestructura física y tecnológica, conectividad, salud, educación, ciencia, tecnología e innovación. Todos estos aspectos tienen características de bienes públicos, pero podrían proveerse por medio de alianzas público-privadas para lo cual se requiere un sistema de incentivos apropiado con enfoque territorial.

En este orden de ideas, uno de los cuellos de botella que hay que superar rápidamente es el de la baja disponibilidad de talento para avanzar en el conocimiento del capital natural y su aprovechamiento racional y sostenible. El país necesita técnicos profesionales, tecnólogos y universitarios en los campos de la ingeniería aplicada al tema bio como biotecnología, ingeniería ambiental y de materiales, ingeniería civil, agrícola, de computación, robótica y nanotecnología, entre otros campos de aplicación a lo bio. Asimismo, se requiere formar talento en bioeconomía, en las áreas de la salud y farmacéutica y en energías renovables. Con talento disponible en las áreas descritas se incrementa la probabilidad de cerrar brechas urbano-rurales para el despegue de la bioeconomía.

Una mirada a las cifras de educación superior en las áreas del conocimiento consideradas cercanas a la bioeconomía, muestra la baja matrícula cuando se compara con las áreas no cercanas a la esfera de lo bio. Tanto en Colombia como en Antioquia, de acuerdo con las cifras del Sistema de Información de la Educación Superior –SNIES-, solamente 10 por ciento de los estudiantes matriculados en el nivel universitario, estudia programas en el área bio que, además, en el caso de Antioquia, se concentra el 90 por ciento en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Es decir, solo el 10 por ciento de los matriculados están en programas académicos localizados en municipios por fuera del Área Metropolitana. Cuando se analiza por programas académicos específicos, dentro del grupo de programas bio, sobresalen, ingeniería ambiental y afines, medicina veterinaria e ingeniería biomédica como se muestra en el gráfico 2.

Esta situación muestra un déficit de formación de talento en ramas de conocimiento como biotecnología, agronomía, química, biología y otras ingenierías, para no hablar del bajo número de estudiantes matriculados en programas de maestría y doctorado en las áreas bio que se necesitan para avanzar en el conocimiento e investigación de los recursos biológicos.

Es importante ampliar la oferta y la demanda de los programas académicos orientados a lo bio que son fundamentales para el desarrollo de actividades de la bioeconomía tales como la creación de biorefinerías, producción de bioinsumos y bioproductos entre muchas otras. Al mismo tiempo, es necesario fortalecer la investigación científica en las áreas bio para potenciar la tecnología y la innovación y, por esa vía, lograr mayores niveles de productividad y crecimiento económico sostenible.

En síntesis, la bioeconomía es una gran oportunidad para Colombia no solo como motor de la reactivación económica pospandemia sino como componente esencial de una nueva visión de desarrollo mucho más acorde con las condiciones del territorio y con el objetivo de reducir la pobreza particularmente rural. Además de avanzar en los ajustes institucionales para consolidar las actividades de la bioeconomía, el país requiere superar los obstáculos que impiden o retrasan las posibilidades de crear nuevos negocios basados en recursos biológicos. Invertir en infraestructura física y tecnológica, así como en la formación de talento será clave para el avance de la bioeconomía, lo cual implica fortalecer alianzas público-privadas con el acompañamiento indispensable de la academia.

Referencias

Departamento Nacional de Planeación. Documento Conpes 3934. Política de Crecimiento Verde. Julio 2018

European Commission. A sustainable bioeconomy for Europe: strengthening the connection between economy, society and the environment. Updated Bioeconomy Strategy. 2018

Rodríguez, Adrian G., Rodrigues, Mónica y Octavio Sotomayor. Hacia una bioeconomía sostenible en América Latina y el Caribe. Elementos para una visión regional. Cepal, 2019.

#ArtículosEIA #CentroDePensamientoEIA #Bioeconomía

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13Ago

LA MOVILIDAD EN LA PANDEMIA, LOS NUEVOS PARADIGMAS AFECTAN LA SOSTENIBILIDAD DEL TRANSPORTE.

 

Movilidad sostenible la apuesta de Medellín.

Andrés Pava Restrepo
Coordinador de área Movilidad y Territorio de la Escuela de Ing. y Ciencias básicas.

La movilidad siempre ha sido un elemento esencial y estructural para los habitantes de cualquier territorio, la cual se debe proveer de manera segura sin limitaciones de accesibilidad, y que facilite las dinámicas sociales, laborales y de desarrollo económico, influyendo en la calidad de vida de sus habitantes. Esta movilidad en nuestros entornos urbanos se ha visto afectada por problemáticas asociadas a la falta de infraestructura eficiente, a las altas demandas de viajes que se realizan en la medida que aumenta la población, y la cultura de uso de los modos de transporte que se encuentran disponibles; en consecuencia se generan congestiones vehiculares y de acceso a los sistemas de transporte, contaminación del aire, y aumento en los tiempos de viaje de los usuarios.  Medellín es una ciudad que siempre le ha apostado a los sistemas de transporte público masivo, como estrategia para garantizar una movilidad más eficiente y sostenible, buscando reducir el impacto ambiental producido por los modos de transporte convencionales, considerando que su infraestructura vial es limitada frente a la alta demanda de viajes en modos particulares, y de esta manera mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Las estrategias contra la pandemia y su afectación al sistema público de transporte

La situación actual por la pandemia del COVID-19, ha llevado a que las dinámicas de la población cambien, y también los hábitos en la movilidad para cada contexto territorial; por lo tanto, las problemáticas se vuelven otras y las necesidades para el transporte público aumentan. La postura de prevención frente a la pandemia, la necesidad de los habitantes de realizar sus viajes, las restricciones para la libre movilidad, la salubridad en las maneras y modos disponibles para realizar estos desplazamientos, han generado nuevas problemáticas y afectando la sostenibilidad que se espera en los sistemas de movilidad, ya que el servicio de transporte se debe seguir prestando para garantizar la accesibilidad de todos los ciudadanos a los bienes y servicios, bajo las nuevas condiciones sociales a las que nos enfrentamos hoy día. Perder de vista esto y no atenderlo de manera prioritaria esperando que las condiciones cambien, llevará a que nuestra estructura de transporte sea cada vez más insostenible dentro de los contextos urbanos y regionales, afectando las condiciones económicas, las relaciones sociales y el desarrollo de los territorios.

Uno de los problemas menos visible en medio del control de la pandemia, se enfoca en el transporte público, este sistema siempre ha operado bajo la premisa del máximo aprovechamiento en su uso, manteniendo unos adecuados índices de ocupación, permitiendo su sostenibilidad económica y eficiencia en la operación de los diferentes sistemas, entre más usuarios dispuestos a pagar tenga el sistema, mayor recaudo para la operación. Sin embargo, el recaudo por la tarifa definida y las condiciones de integración con otros modos requieren que el costo individual sea subsidiado por los gobiernos, para hacerlo accesible a todos los habitantes. En este contexto las restricciones de ocupación en el transporte público (35% del área destinada a los usuarios) para cumplir con el distanciamiento social, han llevado a que los sistemas masivos se afecten económicamente, y que su eficiencia en la operación sea cada vez menor.

Para las horas pico, se debe hacer uso de más vehículos de la flota disponible para poder atender las demandas de viaje, ya que el 100% de la ocupación en un vehículo pasa a ser distribuido en tres; y para reducir al máximo la congestión de los usuarios que acceden al sistema, los tiempos de espera, los trasbordos, y las frecuencias deben ser las menores posibles, esto nos  pone en un panorama donde las flotas de transporte operan en su totalidad para un número de recorridos mayores, en periodos picos más prolongados, con solo el 35% del recaudo que antes recibían; esto desde cualquier punto de vista es insostenible y hace que la prestación del servicio sea mucho más costosa para la entidades a cargo de la operación.

El porcentaje de ocupación actual que se justifica en la prevención y el evitar la propagación del virus, debe ser revaluado buscando estrategias complementarias que permitan aumentarlo, tales como la indumentaria para realizar estos viajes, los elementos de protección personal, de ventilación y de acondicionamiento, y deben ser pensados con el fin de garantizar una mayor eficiencia del transporte público sin poner en riesgo la salud de los usuarios y la prestación de servicio. Las políticas de control y uso de los sistemas de transporte público masivo por parte de los usuarios, también deben ser revisadas y acorde con las nuevas condiciones que enfrentamos como sociedad, no podemos pretender vivir una anormalidad en condiciones de normalidad, y eso involucra un compromiso de todos, empresas transportadoras, operarios y usuarios. Es necesario realizar estudios serios, coherentes con las circunstancias actuales que permitan encontrar mecanismos y tomar decisiones que hagan la operación del transporte público sostenible.

Impacto de las afectaciones del transporte público en la sostenibilidad de la movilidad urbana

Otra situación que se deriva de esta problemática tiene que ver con la disposición de los habitantes para utilizar el sistema de transporte masivo; el experimentar las esperas prolongadas de acceso al transporte, que terminan aumentando los tiempos de viaje, donde algunos por no contar con vehículo propio están obligados a utilizarlos, pero también están quienes tienen la alternativa y buscarán comprar o hacer uso de sus vehículos particulares, con el fin de estar menos expuestos, sentirse más seguros y reducir el tiempo de desplazamiento, siendo la moto en nuestro entorno el que más facilidad de adquisición tiene.

En medio de este panorama social, es necesario fortalecer las estrategias y políticas que inviten a los usuarios a evitar realizar sus desplazamientos en modos como el auto y la moto, que ellos perciben más seguros con el fin de evitar incomodidades y un posible contagio. Si el usuario empieza a buscar como alternativa estos modos, las condiciones de movilidad van a ser cada vez más limitadas y deficientes, la contaminación y la congestión aumentarán, haciendo insostenible la infraestructura existente y los desplazamientos, lo cual estaría acabando con lo avanzado en temas de movilidad sostenible volviendo hacia las condiciones que experimentábamos tiempo atrás. En las grandes ciudades el transporte público colectivo ha sido el camino más eficiente para mejorar las condiciones de movilidad urbana, en ese caso deberíamos buscar es fortalecerlo y no debilitarlo bajo las limitaciones de ocupación actuales.

La mayoría de las estrategias y políticas desarrolladas están orientadas a procurar una movilidad más sostenible con su entorno, transformando los territorios positivamente, y buscando su eficiencia a través del tiempo.

Importancia de la micromovilidad como estrategia para la movilidad sostenible

Por otro lado la micromovilidad es otra alternativa que en tiempos de pandemia se ve como una opción para realizar desplazamientos individuales de manera segura y sostenible, la bicicleta, patinetas y demás, son modos que pueden atraer a los usuarios de vehículo particular, sin embargo, nuestras ciudades aún carecen de una infraestructura adecuada para estos modos, además no hay claridad ni suficiente difusión frente a políticas y normativas en la utilización de estos, y la percepción que se tiene con base en preconceptos y no en la experiencia, hace vital que la cultura ciudadana para la movilidad se empiece a fortalecer en todos los entornos sociales, como lo fomenta hoy la Gerencia de Movilidad Humana de la Secretaría de Movilidad de Medellín.

En las condiciones actuales que enfrentamos como sociedad, las entidades territoriales y municipales deben liderar, acompañadas de las instituciones académicas y la empresa privada, la innovación, promoviendo investigación y tecnología, que provean conocimientos, herramientas y  estructuren políticas que permitan continuar desarrollando la prestación del servicio de transporte público en época de pandemia de manera eficiente, segura y económicamente sostenible; y a su vez proveer las herramientas de planificación urbana y el desarrollo de nuestras ciudades y sus espacios, orientadas a fortalecer los modos de transporte sostenibles con mayor impacto. Como lo dijo Mario Benedetti “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas” y ese es el escenario al que hoy nos enfrentamos.

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31Jul

GUÍA SOSTENIBLE PARA TU DÍA A DÍA – UNIVERSIDAD EIA

GUÍA SOSTENIBLE PARA TU DÍA A DÍA

Antes de iniciar con el listado de conceptos y consejos para que tus días sean más sostenibles y puedas contribuir con el cuidado y bienestar del planeta, queremos invitarte a contestar las siguiente preguntas:

En caso de que no tengas las respuestas para cualquiera o para todas las preguntas anteriores, te invitamos a que revises este material que ha preparado el Comité de Sostenibilidad EIA, si tus respuestas fueron afirmativas, de igual forma puedas instruirte con el contenido de esta guía, recuerda que todas las prácticas en pro de la sostenibilidad y el ambiente son valiosas y quizá encuentres algo que puedas aplicar y sea de tu interés.

Para acceder al contenido de cada uno de los temas, haz “click” en cada uno de los numerales, son enlaces y te guiarán al material de esta Guía.

Temas

1. Economía Circular

2. Ventajas de reciclar

3. Gestión de residuos en el estudio, oficina o biblioteca

4. Residuos en la cocina, ¿Cómo los aprovecho?

5. Código de colores unificado para separación de residuos

6. Gestión de residuos con gestores locales

7. Buenas prácticas para el ahorro y protección del agua

8. Buenas prácticas para el ahorro de energía

9. Compras con menos empaques

10. Contaminación digital

11. Vida útil de baterías

12. Prácticas ecológicas para la cocina

13. ¡A sembrar!

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